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Efectos Dory, finales de ciclo y vuelta a empezar.

Opinión creada por ✍️MANUEL OB @Manuob81

Tras la durísima derrota por 2-4 ante el Braga, tras haber ido ganando 2-0, y la malísima racha de partidos sin ganar en liga, toca reflexionar (y tal vez vamos tarde).

Que conste desde el principio: ahora mismo soy uno de los muchos que piensan que este proyecto deportivo está amortizado y que necesita cambios.

No sé si esos cambios deben llegar ya, en cuestión de semanas o al final de la temporada. Pero lo que sí tengo claro es que la racha de resultados, las derrotas recientes y, sobre todo, la sensación constante de inestabilidad me empujan a pensar así.

Este Betis no transmite certezas. Y cuando un equipo deja de transmitirlas durante demasiado tiempo, es inevitable que se abra el debate. Ahora bien, también conviene no perder de vista cómo funciona el fútbol. Aquí los estados de ánimo duran lo que duran los resultados. Hoy todo parece agotado, desgastado, al límite… pero bastan un par de victorias seguidas para que el relato cambie por completo. Para que donde hoy vemos un final, mañana volvamos a ver un punto de partida.

Y es precisamente en ese equilibrio donde cobra sentido una idea que escuché hace poco: el “efecto Dory”.

Aplicarlo como lo explicaba hace no mucho nuestro canterano Manu González: olvidar rápido, resetear, seguir compitiendo sin arrastrar el error anterior. Porque lo de ayer no fue solo una derrota. Fue uno de esos golpes que se quedan dentro. Ganando 2-0 en casa y acabar perdiendo 2-4 no es solo un resultado, es una sacudida a la confianza, a la cabeza y al alma competitiva del equipo.

Y ahora mismo, este Betis parece un equipo que recuerda demasiado…
Recuerda errores, recuerda partidos que se escaparon, recuerda sensaciones negativas. Y cuando un equipo juega con ese peso, ya compite en desventaja.
¡Hace falta resetear!
Volver a la versión que nos tenía peleando arriba. Volver a competir con confianza. Volver a creer que los partidos no están condenados a torcerse.

Pero más allá de lo mental, hay algo que sí parece innegociable: este Betis necesita una autocrítica profunda.
En todos los niveles.
Desde la directiva, pasando por la dirección deportiva, el cuerpo técnico y los propios jugadores. Aquí no se salva nadie. Porque cuando fallan los resultados, las sensaciones y la planificación al mismo tiempo, el problema nunca es de una sola pieza.
Y esa autocrítica debe servir para construir.
Para lo que queda de temporada, sí, pero sobre todo para la próxima. Porque hay errores que no se pueden repetir, y dada la situación económica, y los proyectos en los que está metido (estadio, ciudad deportiva…) errar no es una opción.

No es asumible para un club como el Betis invertir cerca de 20 millones en dos jugadores y que uno termine cedido en Segunda mientras el primer equipo sufre arriba, con delanteros lejos del nivel que se exige y en una etapa de su carrera donde ya no se espera crecimiento.

Ni tampoco que la mayor inversión recaiga en un perfil que llega desde un contexto competitivo bajo, con dudas en lo deportivo y con interrogantes fuera del campo que, a día de hoy, no ayudan precisamente a disiparlas.

Ahí es donde la dirección deportiva tiene que afinar mucho más. Y donde la directiva debe exigirlo.

Porque este club no está para experimentos caros ni para apuestas que no impacten de forma inmediata en el primer equipo. Tampoco para perfiles que se alejan del ideal de compañerismo del que tanto se ha hablado desde dentro del club.

Y luego está el banquillo.
Independientemente de cómo termine la temporada, la pregunta es inevitable: ¿merece continuidad este proyecto con un año más de contrato por delante o ha llegado el momento de girar el timón?
Esa decisión marcará mucho más que un verano, marcará el futuro del equipo, y no sólo en el aspecto deportivo.

El “efecto Dory” puede ayudarte a competir el domingo pero las decisiones que se tomen ahora son las que van a definir el Betis del mañana.

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