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El Real Betis y su extraña costumbre de florecer en el alambre.
Opinión creada por ✍️David Ortiz @Waxi_Betico
Hay una constante en la era de Manuel Pellegrini que desafía cualquier lógica futbolística: cuanto más negro pinta el panorama, más brilla el Betis. No es una teoría vacía; los datos y la memoria reciente nos dicen que el equipo del «Ingeniero» tiene una capacidad casi masoquista para encontrar su mejor versión justo cuando el hospital está lleno y los resultados no acompañan. Mañana en El Sadar, el guion parece peligrosamente familiar.
Si echamos la vista atrás, el idilio de este Betis con la épica en situaciones de precariedad es cíclico. Todos recordamos aquel enero de 2021. El equipo llegaba al derbi tras una racha infame, siendo el hazmerreír defensivo de Europa y con bajas por COVID-19 que obligaban a hacer encaje de bolillos. Aquel 1-1 no fue solo un punto; fue el nacimiento de un bloque que terminaría volando hacia la Europa League tras una segunda vuelta histórica.
Esa misma resiliencia se vio en agosto de 2022 en Son Moix. Con medio equipo sin inscribir por el caos del límite salarial y sin el faro de Canales, Pellegrini se presentó en Mallorca con lo puesto. Aquel 1-2, con un doblete de penalti de Borja Iglesias, no fue un partido estético, pero fue el «pegamento» de un vestuario que se conjuró para demostrar que el escudo estaba por encima de las fichas federativas. Incluso la temporada pasada, en enero de 2024, la historia se repitió en el mismo escenario con 11 bajas. Un zapatazo de Altimira sirvió para espantar los fantasmas y reenganchar al equipo a la pelea europea.
Y es aquí donde entra la figura del chileno. Porque en el fútbol moderno, donde la táctica parece devorarlo todo, a menudo olvidamos que el manejo de grupo es un arte mucho más complejo. Pellegrini no es solo un estratega; es un gestor de egos y de crisis que sabe mantener el pulso calmado cuando el entorno se incendia. El beticismo sabe que, bajo su mando, el vestuario nunca se rompe. Manuel ha logrado algo que parecía imposible en Heliópolis: dotar al club de una estabilidad competitiva que sobrevive a las lesiones, a las malas rachas y a las decepciones coperas.
El fútbol es un deporte de matices, de estados de ánimo y de una complejidad que escapa al análisis de sofá. Gobernar una plantilla con tantas piezas moviéndose, con la presión de una ciudad que respira fútbol las 24 horas y con la necesidad de reinventarse cada semana por las bajas de figuras como Isco, solo está al alcance de unos pocos elegidos. Por eso, dudar del Ingeniero a estas alturas es ignorar los cimientos sobre los que se ha construido el mejor Betis de este siglo. Su crédito no se agota por un bache, se refuerza con cada resurrección.
Ahora, el Betis viaja a Pamplona bajo un clima similar de escepticismo. El empate en Braga y la irregularidad en Liga, pueden ser síntomas que pesen. Sin embargo, la historia reciente nos dicta que este es, precisamente, el ecosistema favorito de Pellegrini. No den por muerto a este equipo, porque cuando el Villamarín 🥲 perdón, La cartuja aprieta los dientes y el banquillo se conjura, el Betis suele responder con fútbol. Mañana ante Osasuna, más allá del esquema o los nombres, lo que estará a prueba es esa fe inquebrantable en un modelo que nos ha devuelto el orgullo de competir siempre, contra quien sea y como sea.